4.1.1. Introducción.
En ciertos ambientes laborales, debido las actividades que allí se desarrollan, es frecuente la aparición o presencia de gases (inflamables, tóxicos, explosivos) y otros elementos nocivos que ponen en peligro la seguridad y salud de los trabajadores, cuando las concentraciones superan los límites establecidos. Para proteger a las personas y los bienes es preciso disponer las medidas y medios de protección adecuados al riesgo previsible, que básicamente consistirán en equipos de detección, lo más precoz posible, y análisis de los agentes peligrosos.
Considerando la premisa básica de prevención, que debe imperar en el diseño de los sistemas de protección, es obligatorio identificar previamente, en el entorno laboral, los posibles elementos gaseosos, los cuales serán reconocidos por los sistemas de detección para activar las oportunas señales de alarma.
La detección de gases se centra en los siguientes tipos:
- Gases tóxicos: flúor, monóxido de carbono, sulfhídrico, ácido nítrico, clorhídrico, dióxido de carbono, cianhídrico, etc.
- Gases inflamables: butano, propano, gasolina, hidrógeno, acetona, amoniaco, gas natural, acetileno, etc.
- Oxígeno: para detectar tanto la deficiencia como el exceso en la concentración.
Los detectores, de los gases anteriormente mencionados, se clasifican en equipos fijos y detectores portátiles aunque, en ambos casos, están compuestos por sensores de detección, capaces de captar la concentración suficiente de gases, además de indicar los datos medidos y avisar de la situación de alarma.
Los portátiles se caracterizan por su fácil manejo y transporte, ya que, debido a su escaso peso y volumen, se pueden portar en el bolsillo o sujetos al cinto.
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