4.1.1. El ruido y protectores.
La protección de los oídos esta motivada y justificada por el elevado nivel de ruido presente en numerosos lugares de trabajo y la consecuente exposición de los trabajadores a límites que pueden resultar peligrosos para su seguridad y perjudiciales para su salud.
Muchos accidentes laborales e incidentes se producen por que el ruido impide oír otros sonidos presentes en el ambiente laboral, los cuales condicionan la actividad y tareas de los trabajadores, llegando, por ejemplo, a disminuir e impedir la percepción de sonidos específicos originados por averías, fallos, alarmas, aproximación de vehículos, etc. o mantener una conversación.
Desde una perspectiva de salud laboral, el ruido, entendido como todo sonido molesto no deseado, es la causa de numerosos molestias físicas, trastornos psíquicos y enfermedades auditivas, que pueden culminar en la pérdida total de la audición.
Para evitar o reducir estos riesgos derivados de la exposición a niveles excesivos de ruidos podemos disponer de medidas de protección colectiva, prioritariamente, además de equipos de protección individual diseñados y normalizados para la protección del oído:
- Protectores auditivos tipo "tapones".
- Protectores auditivos desechables o reutilizables.
- Protectores auditivos tipo "orejeras", con arnés de cabeza, bajo la barbilla o la nuca.
- Cascos antirruido.
- Protectores auditivos acoplables a los cascos de protección para la industria.
- Protectores auditivos dependientes del nivel.
- Protectores auditivos con aparatos de intercomunicación
Los EPI empleados para proteger el oído tienen como misión la protección de los trabajadores que desarrollan su actividad en ambientes con un nivel de ruido elevado, disminuyendo los riesgos para la salud de los trabajadores, particularmente para la audición, derivados de dicha exposición; estos son algunos de los posibles efectos sobre la salud:
- Sordera o enfermedades progresivas por exposición continuada.
- Rotura de tímpano provocada por ruidos de muy alta intensidad.
- Trastornos digestivos, respiratorios, del sueño, del sistema circulatorio, irritabilidad, fatiga psíquica, etc.
Para medir el ruido empleamos diversos equipos específicos (sonómetros, dosímetros) que analizan, básicamente, dos cualidades propias del ruido:
- La frecuencia: cuyo valor se expresa en Hertzios (Hz) o ciclos por segundo.
- La intensidad, que la medimos en decibelios (dB), siendo el límite 140.
La intensidad del ruido nos permite establecer una escala de consecuencias:
- Hasta 50 dB es tolerable y no molesto.
- Hasta 90 dB pueden aparecer daños por exposición continuada.
- A 110 dB las molestias son evidentes.
- En 125 dB se establece el umbral de dolor.
- Los 140 dB provocan sordera.
- Por encima de 150 posible rotura de tímpano.
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